Imperialismo cultural en España 2a Parte
Teorías y realidades
La teoría de que los países desarrollados son los que llevan la batuta a la hora de influir con sus contenidos la cultura de otros pueblos, en el caso español no es del todo cierto. Actualmente el mayor productor de programas en Español en el mundo, no es España, sino la empresa mexicana Televisa, “el consorcio de medios de comunicación de habla hispana más importante del mundo. Productora de material visual, musical, teatral y de Internet a través de sus distintas filiales”; según lo define la revista Mundo Empresarial, el consorcio exporta el 80% de su programación no sólo a América Latina, sino al resto del mundo, existen programas que se han traducido a más de 40 idiomas y sus producciones varían desde programas humorísticos, series, telediarios y telenovelas. Esta empresa es además, de acuerdo con Emilio Azcárraga Jean, actual presidente del consorcio, “poseedora del 40% de las acciones del canal español La sexta, administra el 50% de las emisiones radiofónicas en español e inglés junto con el grupo español Prisa (de los 40 principales) en los países donde tienen presencia; es la principal accionaria de empresas televisivas en diferentes países de América Latina y España”.
Esto en cuanto a la televisión, el panorama musical también nos arroja muchos elementos:
La música yanqui
La música de estaciones de radio en FM representan la mayor audiencia en la radio española, exponen el mismo tipo de música, la variación de melodías entre una y otra es prácticamente inexistente; así “Europa FM”, “Los 40 principales”, “Cadena 100”, entre otras; del total de canciones que emiten, hay un alto porcentaje de música en inglés, muchos chicos ni siquiera conocen la letra de la canción que escuchan, pero, “Me gusta el ritmo que lleva”, dice Daniel, un chico estudiante de bachillerato, quien escucha un rap del norteamericano Eminem; “Es que mola, aunque no sepa de qué va”, dice otro chico; “Bueno, es que Lady Gaga está de moda”, dice esta otra joven universitaria, y así, muchos ejemplos más pueden ser mostrados en el ambiente juvenil, si fuésemos con los niños, Hana Montana sale ganando. Si observamos la moda del rap y el hip hop, basta con darnos un paseo por la plaza de oriente o por el parque del retiro, lograríamos ver a chicos y chicas cantando y bailando hip hop, además de usar vestimentas que pegarían más en el ambiente urbano de Nueva York que en pleno centro de Madrid, y no exagero, de verdad esto es más frecuente cada día.
Y ¿qué tal el cine?
El fenómeno se repite, en la cartelera de esta semana (11 al 17 de febrero, 2011), de los últimos treinta estrenos, quince son norteamericanos; tres co-producciones EE. UU. – China, EE. UU. – Autralia , EE. UU. – Gran Bretaña; tres son franceses; dos son co-producciones Francia – España; otras Francia–México y México–España; de las restantes dos son españolas, una británica, otra china y la última turca.
Viendo que la mitad de las producciones fílmicas que se exhiben en los cines españoles son de fabricación norteamericana, eso sin tomar en cuenta las co-producciones, parece claro el por qué el cine español ha bajado su nivel de taquilla el último año en un 34% menos; de acuerdo con el informe de televisión española, se trata de casi siete millones menos de entradas. Se dice que el fenómeno se debe principalmente a que el público prefiere las producciones norteamericanas, algunos lo atribuyen a la crisis y, otros dicen que puede deberse a los hábitos de consumo generados por internet. Las películas que se llevan a cabo en España están dotadas de una subvención de 90 millones de euros, de los cuales, el último año sólo se recuperaron 70. ¿Podemos continuar diciendo que no existe imperialismo cultural en la nación española?
El sabor de la comida
Es bien sabido que el imperialismo cultural viene a través de los medios de comunicación, respaldado por una idea económica de tintes globalizantes; esto se ve reflejado también en la alimentación, otro ejemplo ¿sabe el lector cuál es una de las principales preocupaciones de los nutriólogos españoles actualmente? La pérdida de la dieta mediterránea, tan sana y nutritiva. La llamada “comida chatarra” se ha vuelto parte del consumismo español, ¿en qué calle o centro comercial concurrido no existe un Mc Donals o un Burguer King? Los restaurantes Kentuky fried chiken, Foster’s Hollywood, Subway, T.G.I. Fridays, Pizza hot; entre muchos otros, nos parecen ya familiares, el llamado fast food (comida rápida), ha venido para quedarse.
El spanglish

Continuando con los anglicismos, los españoles, tan renuentes a las palabras extranjeras, hemos adoptado un uso nuevo de ellas. Dichas palabras se han asentado y castellanizado en nuestro territorio, lo cual, más que perder su significado, ha venido a enriquecer la lengua por un lado, pero también ha venido a crear más problemas a la hora de escribir y relacionar el idioma del cual provienen, por ejemplo, la palabra aparcar viene del inglés parking, significaría estacionar; chequear, es decir, revisar, verificar, viene del inglés, cheking; shoping, por ejemplo, cuando se trata de ir de compras. Aunque la influencia francesa también existe y es todavía más antigua que la inglesa, palabras como garage, la cual se ha castellanizado por garaje; restorant, por restaurante, champagne por champaña; menu, por menú, colocándole tílde; boutique, sin embargo, no ha perdido su grafía, y su pronunciación es casi igual.
Una teoría defendida por autores como Armand Mattelart o Ariel Dorfman, trataba de establecer una relación entre los esquemas de dominación económica globales, con el consumo de bienes culturales (principalmente productos de comunicación como programas de televisión, películas, obras literarias, etc. producidas en los países dominantes). A este respecto nos faltaría hablar de los libros, creo que no somos indiferentes ante los fenómenos literarios que han generado ganancias millonarias, títulos como Harry Poter, de J. K. Rowling; El señor de los anillos (The Lord of the Rings), de J. R. R. Tolkien; Crónicas de Narnia (The Chronicles of Narnia), de C. S. Lewis; –los dos primeros británicos, el segundo, anglo-irlandés–, no nos dejan indiferentes.
Se puede pensar que todos los ejemplos proporcionados, están dentro del consumo masivo mundial, ¿pero quién ha dicho que lo que consume la mayoría es lo mejor? La publicidad y la mercadotecnia se han encargado del consumo de las masas. En la industria se fabrica a un volumen increíble, debe consumirse en proporción a esa producción, se trata de una ley establecida por la economía global capitalista, generación de nuevas necesidades para este imperio cultural. La próxima vez que hablemos de la influencia cultural que reciben otros pueblos, veámonos a nosotros mismos y estudiemos qué nos queda por hacer en la sociedad que nos exige aprender el idioma del dominante, por qué, es verdad, el nuevo imperio se encuentra en Norteamérica, si lo dudamos, preguntemos a Zapatero porque le interesa tanto entablar amistad y acuerdos mutuos con la poderosa nación americana, ¿acaso para mantener la identidad cultural de su pueblo?
Esto en cuanto a la televisión, el panorama musical también nos arroja muchos elementos:
La música yanqui
La música de estaciones de radio en FM representan la mayor audiencia en la radio española, exponen el mismo tipo de música, la variación de melodías entre una y otra es prácticamente inexistente; así “Europa FM”, “Los 40 principales”, “Cadena 100”, entre otras; del total de canciones que emiten, hay un alto porcentaje de música en inglés, muchos chicos ni siquiera conocen la letra de la canción que escuchan, pero, “Me gusta el ritmo que lleva”, dice Daniel, un chico estudiante de bachillerato, quien escucha un rap del norteamericano Eminem; “Es que mola, aunque no sepa de qué va”, dice otro chico; “Bueno, es que Lady Gaga está de moda”, dice esta otra joven universitaria, y así, muchos ejemplos más pueden ser mostrados en el ambiente juvenil, si fuésemos con los niños, Hana Montana sale ganando. Si observamos la moda del rap y el hip hop, basta con darnos un paseo por la plaza de oriente o por el parque del retiro, lograríamos ver a chicos y chicas cantando y bailando hip hop, además de usar vestimentas que pegarían más en el ambiente urbano de Nueva York que en pleno centro de Madrid, y no exagero, de verdad esto es más frecuente cada día.
Y ¿qué tal el cine?
El fenómeno se repite, en la cartelera de esta semana (11 al 17 de febrero, 2011), de los últimos treinta estrenos, quince son norteamericanos; tres co-producciones EE. UU. – China, EE. UU. – Autralia , EE. UU. – Gran Bretaña; tres son franceses; dos son co-producciones Francia – España; otras Francia–México y México–España; de las restantes dos son españolas, una británica, otra china y la última turca.
Viendo que la mitad de las producciones fílmicas que se exhiben en los cines españoles son de fabricación norteamericana, eso sin tomar en cuenta las co-producciones, parece claro el por qué el cine español ha bajado su nivel de taquilla el último año en un 34% menos; de acuerdo con el informe de televisión española, se trata de casi siete millones menos de entradas. Se dice que el fenómeno se debe principalmente a que el público prefiere las producciones norteamericanas, algunos lo atribuyen a la crisis y, otros dicen que puede deberse a los hábitos de consumo generados por internet. Las películas que se llevan a cabo en España están dotadas de una subvención de 90 millones de euros, de los cuales, el último año sólo se recuperaron 70. ¿Podemos continuar diciendo que no existe imperialismo cultural en la nación española?
El sabor de la comida
Es bien sabido que el imperialismo cultural viene a través de los medios de comunicación, respaldado por una idea económica de tintes globalizantes; esto se ve reflejado también en la alimentación, otro ejemplo ¿sabe el lector cuál es una de las principales preocupaciones de los nutriólogos españoles actualmente? La pérdida de la dieta mediterránea, tan sana y nutritiva. La llamada “comida chatarra” se ha vuelto parte del consumismo español, ¿en qué calle o centro comercial concurrido no existe un Mc Donals o un Burguer King? Los restaurantes Kentuky fried chiken, Foster’s Hollywood, Subway, T.G.I. Fridays, Pizza hot; entre muchos otros, nos parecen ya familiares, el llamado fast food (comida rápida), ha venido para quedarse.
El spanglish

Continuando con los anglicismos, los españoles, tan renuentes a las palabras extranjeras, hemos adoptado un uso nuevo de ellas. Dichas palabras se han asentado y castellanizado en nuestro territorio, lo cual, más que perder su significado, ha venido a enriquecer la lengua por un lado, pero también ha venido a crear más problemas a la hora de escribir y relacionar el idioma del cual provienen, por ejemplo, la palabra aparcar viene del inglés parking, significaría estacionar; chequear, es decir, revisar, verificar, viene del inglés, cheking; shoping, por ejemplo, cuando se trata de ir de compras. Aunque la influencia francesa también existe y es todavía más antigua que la inglesa, palabras como garage, la cual se ha castellanizado por garaje; restorant, por restaurante, champagne por champaña; menu, por menú, colocándole tílde; boutique, sin embargo, no ha perdido su grafía, y su pronunciación es casi igual.
Una teoría defendida por autores como Armand Mattelart o Ariel Dorfman, trataba de establecer una relación entre los esquemas de dominación económica globales, con el consumo de bienes culturales (principalmente productos de comunicación como programas de televisión, películas, obras literarias, etc. producidas en los países dominantes). A este respecto nos faltaría hablar de los libros, creo que no somos indiferentes ante los fenómenos literarios que han generado ganancias millonarias, títulos como Harry Poter, de J. K. Rowling; El señor de los anillos (The Lord of the Rings), de J. R. R. Tolkien; Crónicas de Narnia (The Chronicles of Narnia), de C. S. Lewis; –los dos primeros británicos, el segundo, anglo-irlandés–, no nos dejan indiferentes.
Se puede pensar que todos los ejemplos proporcionados, están dentro del consumo masivo mundial, ¿pero quién ha dicho que lo que consume la mayoría es lo mejor? La publicidad y la mercadotecnia se han encargado del consumo de las masas. En la industria se fabrica a un volumen increíble, debe consumirse en proporción a esa producción, se trata de una ley establecida por la economía global capitalista, generación de nuevas necesidades para este imperio cultural. La próxima vez que hablemos de la influencia cultural que reciben otros pueblos, veámonos a nosotros mismos y estudiemos qué nos queda por hacer en la sociedad que nos exige aprender el idioma del dominante, por qué, es verdad, el nuevo imperio se encuentra en Norteamérica, si lo dudamos, preguntemos a Zapatero porque le interesa tanto entablar amistad y acuerdos mutuos con la poderosa nación americana, ¿acaso para mantener la identidad cultural de su pueblo?
El autor es licenciado en Ciencias de la comunicación, actualmente se encuentra especializándoseen Periodismo, discurso y comunicación encaminado a nuevas tecnologías.
Comentarios
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Y quien habla de medicina y veterinaria puede hablar de otros campos de la ciencia.
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¿Las pelis? pues hay mucha mierda que viene, pero también tenemos a Dysney-PIXAR con Cars, up, los increibles o Toy Story, que nos hacen reir bastante y son buenas pelis.
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Los libros y la música, lo que viene por la Renovación Carismática Católica, nacida en EE. UU. siempre ha sido buen material.
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Si sabes seleccionar y te quedas con lo bueno ¿por qué vas a tener que rechazar lo que viene de EE. UU?
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Lo español ha de ser competitivo. Si saca buenos productos, nos quedamos con ellos, pero si lo mejor es extranjero, ¿por qué vamos a quedarnos con lo español?. Gran parte del cine español es basura inmoral que tiene escenas de sexo explícito, me quedo con las pelis de Pixar. También prefiero la tecnología estadounidense en cuestión de medicina.
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¿Hay sincretismo cultural? posiblemente, para lo bueno y para lo malo.
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La cuestión está en saber seleccionar. Creo que le debemos mucho a EE. UU. en el campo de la ciencia y la tecnología. Si no fuera por ellos y por los dólares que llegaron en la época de Franco, probablemente seríamos un país del tercer mundo como Marruecos.
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