EL ROSTRO DE ESPAÑA

Por: Mario Abrahán Herrera

Con un país semiparalizado (en fecha próxima, 29 de septiembre) por la huelga, el paro que sigue creciendo vertiginosamente, un déficit público altísimo, unos sindicatos que no se ponen de acuerdo entre ellos mismos, la permanente caída en los precios de la vivienda, el alza a los precios de la luz y un gobierno incompetente, tenemos la fisonomía actual de España.
Por fortuna o por desgracia, ese rostro de la solidez y estabilidad económica española de hace unos años, no se compara con la cara demacrada y de desvelo de la España de hoy día; no es que nos encontremos en un pozo sin fondo, más bien, creo, es mi parecer, que contamos con un gobierno con pocos dedos de frente.

Existe una gran diferencia entre lo que declara José Luis Rodríguez Zapatero y la realidad que viven millones de personas en el país. No quiero sonar catastrofista, pero es importante mirar a nuestro alrededor, observar al colectivo que transita diariamente por las diferentes vías de las ciudades españolas y por los caminos rurales ¿Qué ocurre exactamente? Pasa que todo el mundo (refiriéndome a los españoles) se queja de la crisis, del gobierno, de la falta de empleo y de tantas otras cosas, pero, a pesar de eso, la gente sigue consumiendo, sigue viajando, sigue comprando cosas banales, continúa yéndose de juerga el fin de semana, pero ¿Quiénes son exactamente los que continúan con esta vida tan holgada? ¿Aquellos que tienen en sus manos el poder adquisitivo? No precisamente.

Los números hablan por sí solos, si antes salir de veraneo ameritaba un mes entero, ahora, muchas familias sólo pueden darse el lujo de permitírselo por un par de semanas como mucho, las compras de ropa, calzado y accesorios pueden quedarse para después, aunque, si es necesario, podré comprarme los zapatos o la ropa que realmente necesito, pero sin despilfarros, al menos, no como antes. Y así, podríamos continuar y no terminaríamos. Sí señoras y señores, este tipo de crisis nos permiten hacer un alto en nuestras consumistas y banales vidas, la sociedad del bienestar se tambalea y nadie en todo el mundo está dispuesto a renunciar a este tan preciado bien llamado bienestar. De ahí, las exigencias de los sindicatos, el enfado de la ciudadanía, la frustración del estudiante recién egresado (con sus dos carreras a cuestas) y un elevado número de inmigrantes en condiciones cada vez peores, pues si no hay trabajo para los españoles, lo extranjeros lo tienen más crudo.

Sin embargo no hemos oído otra cosa todo este tiempo, sino que, estamos saliendo de la crisis, ya hemos tocado fondo, la economía ha tenido un repunte, etc. Pensemos y reflexionemos sobre qué gobierno queremos, ¿Necesitamos eficiencia y acierto por parte de nuestros ministros? ¿Soluciones prácticas por parte del gobierno en turno? o quizá ¿Darnos cuenta de que no necesitamos tenerlo todo en la abundancia acostumbrada para ser realmente felices?

El autor es licenciado en Ciencias de la Comunicación y Filosofía, también es licenciado en Estudios Eclesiásticos.

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